En fotos: Edificios con sobrenombres peculiares

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Se ha puesto de moda valerse de la silueta de los grandes rascacielos británicos para darles un apodo... a menudo ridículo.

Proyección de The Shard y estado de la obra en Londres.
Pie de foto, La Torre del Puente de Londres pronto se convertirá en el edificio más alto de Reino Unido y, como ya es costumbre en los grandes rascacielos, su particular forma le ha valido un apodo: the Shard (la astilla, en inglés). Así se sumará al club que forman the Gherkin (el pepinillo), the Razor (la máquina de afeitar) y the Filing Cabinet (el archivador)... y pronto se les unirá the Cucumber (el pepino) y el Cheese Grater (el rallador de queso).
Planos del proyecto de The Shard
Pie de foto, The Shard fue concebido en el reverso de una servilleta en un restaurante de Berlín, allá por el año 2000, por el arquitecto Renzo Piano. Su inspiración fueron las vías de tren que corren al lado de la Torre de Londres, las pinturas de la capital británica del veneciano Canaletto y los mástiles de los barcos que surcaban el río Támesis en el pasado.
Broadcasting Place
Pie de foto, Los edificios con formas peculiares han estado entre nosotros desde los tiempos de las pirámides de Egipto. Pero la tecnología informática ha impulsado una nueva era de la innovación, según Ian Latham, de Architecture Today. El edificio Broadcasting Place en Leeds (Reino Unido) fue elegido este año como el mejor rascacielos del mundo.
Centro Financiero Mundial en Shanghai (i) y el Califa Burj en Dubai
Pie de foto, El Centro Financiero Mundial en Shanghai (China) y el Califa Burj en Dubai muestran cómo edificios altos y rectos se han convertido en una rareza. Pero Latham cree que las ciudades necesitan un equilibrio entre construcciones que dicen "mírame" y otras más discretas.
Edificio Aon de Chicago (i) y edificio MetLife de Nueva York (d)
Pie de foto, "Ahora, hay una tendencia entre los arquitectos de querer superar a los otros", dice Latham. En los años 70, el diseño arquitectónico todavía era dibujado a mano, con lo que las construcciones más representativas todavía eran de naturaleza más convencional. En la imagen
The Cucumber y The Razor (d)
Pie de foto, El arquitecto Robin Partington ha firmado the Gherkin, the Razor (derecha), the Armadillo en Glasgow y the Cucumber (cohombro o pepino). "Los apodos pueden a veces reforzar la identidad y la imagen de marca del edificio, aunque también pueden chocar con la visión empresarial".
Composición de elGherkin
Pie de foto, El Gherkin (pepinillo), en Londres, abrió sus puertas en 2004. Entonces era uno de los primeros grandes edificios en ganarse un "alias" por su inusual silueta, lo que dejó sus nombres reales -30 St. Mary Axe y Swiss Re- olvidados en las páginas de los registros de la industria.
El Archivador
Pie de foto, El público curioso lo bautizó El Gherkin cuando lo estaban construyendo, recuerda el crítico de arquitectura Jonathan Glancey, y nació la tendencia. "A los arquitectos no les gustan los apodos porque parecen burlarse de sus edificios, pero los promotores inmobiliarios sí porque maximizan las ganancias". En la imagen "El Archivador".
Phaeno Science Center (arriba izq.), Sage PA (arriba derecha); Museo de Arte Contemporáneo de Río de Janeiro (abajo izquierda); BMW Melt (abajo derecha).
Pie de foto, "Para ellos, los apodos hacen que le caigan simpático al público. Borran la inquietud que produce su tamaño pero implica que quedan reducidos a juguetes de peluche, y no lo son".
Panorámica de Nueva York en 1930 (arriba) y de Londres en 1908 (abajo).
Pie de foto, Los nombres divertidos también son algo propio del Reino Unido, apunta Glancey. Los británicos no se toman la arquitectura tan en serio. El Chrysler y el Empire State no tienen apodos porque los habitantes de Nueva York están orgullosos de la silueta de su ciudad vista desde lejos, dice. Pero es una moda y todo pasa, reflexiona.